Hay puffs de diseños modernos, redondos, cuadrados, de estilo marroquí e incluso puffs para una decoración clásica, pues existe un puff para cada gusto en particular.
Vale decir que el puff supo inspirar a muchos diseñadores, y el confort que ofrece cautiva por igual a personas de diferentes generaciones, ya que puede ser utilizado como objeto de decoración para una habitación de adolescentes, o también como reposapiés para aquellos que poseen gustos más bien clásicos. De ahí que el puff se ajusta por igual a todos los gustos y necesidades.
No sólo podemos sentarnos de modo confortable en un puff, sino que además podemos colocar las piernas sobre él, para mantenerlas extendidas al mismo nivel que el sillón. Por lo general, suele estar recubierto por una tela similar a la del sofá, por lo que es fácil ubicarlo en salones de distintos estilos.
El puff es muy utilizado en la decoración oriental. El término puff es de origen árabe o turco, y designa un cojín carente de brazos y respaldo, que ha sido normalmente usado desde sus inicios en Oriente Medio y en el Magreb. Permite, por cierto, permanecer sentado de una manera mucho más cómoda, cerca del suelo, al comer de un único plato que es compartido con el resto de los invitados a la mesa.
A lo largo del siglo XIX, la decoración de las casas incorporó a los puffs, los cuales consistían en pequeños taburetes bajos, recubiertos por una tela para ocultar las patas. Pero no fue sino hasta finales de ese siglo cuando comenzó a tornarse más popular su uso.
La decoración moderna adoptó al puff como un instrumento de confort y gran estilo, aportando una nota de color y de personalidad al hogar.
Muchos diseñadores se inspiraron en el puff, al que le han dado las formas más diversas, algunas de ellas por demás singulares.