En artículos anteriores, ya hemos hecho referencia del puff como complemento ideal al momento de dar personalidad y un toque original a una estancia. En esta ocasión,  vamos a hablar de un puff que, con tan sólo verlo, remite a la fría estación de invierno, pero que, a la vez, llena de calidez a cualquier habitación, permitiendo así  disfrutar de la sensación de pasar un momento relajante junto a una chimenea.
Nos referimos, básicamente, a los puffs rústicos que poseen una base hecha en madera, y que están forrados con mantas 100% lana vintage, remitiéndonos a las clásicas mantas que confeccionaban nuestras abuelas.
A pesar de su aspecto rústico, este tipo de puffs son bien artesanales, por lo que representan una pieza destacada en la decoración de nuestra casa, tanto por la calidad de los materiales con los que están confeccionados como por su acabado.
Se los puede conseguir en diferentes modelos y colores, conforme a nuestros gustos y preferencias, así como a distintos precios, de acuerdo al tipo de puff que se elija y las condiciones de fabricación del mismo, pues suelen ser más caros aquellos que están elaborados de manera artesanal. Vale aclarar que, al ser artesanales, no existirá un modelo igual a otro.
Este estilo de puff rústico resulta ideal para ser integrado en, valga la redundancia, una decoración tipo rústica, como por ejemplo en una casa rural  o cabaña provista de chimenea y suelos de madera. Hay algunos modelos que vienen con la manta que no puede ser separada del taburete, pues se halla totalmente integrada en él, siendo una complicación a la hora del aseo y mantenimiento.

Imagen:

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