Sentado, de pie, tumbado, dormido, son las diferentes posiciones y formas anatómicas que puede adoptar un objeto, por así decirlo, tan maravilloso como práctico: el puff.
Liso, a rayas, de líneas simples y de colores sobrios y vibrantes, cualquiera sea la descripción con la que encaje el puff que elijas, no caben dudas de que hará juego con el espacio. Este tipo de elementos decorativos, sorprende por su versatilidad ya que, de ser necesario,  se encoje para no ocupar mucho espacio y se estira con absoluta facilidad, por su carácter de mullido y cómodo, cuando nos disponemos a distender los brazos y reposar la cabeza, conservando la espalda muy cerca del suelo, con total comodidad.
Podemos ubicarlo en algún rincón, apilándolo, o colocarlo en el centro de la estancia, como protagonista de la decoración, para poder ser apreciado por las visitas. Pero lo claro es que en cualquier hueco queda bien, lo cual lo convierte en un magnífico objeto.
No se trata de un sillón cualquiera, sino que representa un nuevo concepto de descanso, cada día más en auge en los distintos hogares, por su aporte de confort, colorido y belleza  de la decoración de un lugar.
En fin, los diferentes diseños de puffs son objetos que, además de buscar la comodidad de las personas, promueve la creatividad en el diseño, así como en la decoración y en el interiorismo.

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